La Sabiduría del Génesis Cap 6: “LAS AGUAS COMO ESENCIA DE EL MUNDO PALPABLE Y ESPIRITUAL”

“Y las tinieblas estaban sobre la faz del abismo, y el espíritu de Dios se movía sobre la faz de las aguas”.

Las aguas observadas aquí, son en cuanto a mundo,  a creación o a materia inerte. Aguas significa todo lo que le da inicio a lo creado (tinieblas y obscuridad son las aguas abismales). Sin embargo, no son las aguas principio creador. Por lo tanto, podemos definirlas como el elemento, en donde el Señor transforma y  direcciona todas las cosas, sin embargo ellas también son substancias creadas por Dios.

A partir de ellas también salieron todos los cielos, toda la creación incluyendo a nosotros; la tierra (elemento del cual el hombre fue formado). Entonces aguas, vamos a decir así: es la estructura o la creación que puede ser hasta la oscura. Ahora ella solo existe, “tiene vida” solamente en ese “poder hacedor y transformador de Dios”. Con esto, vemos a Dios operando en el “Agua” creada por Él.

El Señor poseyó desde el principio el elemento creado por Él; “el polvo”,  elemento caído después del juicio de Adán.

Con este elemento caído, se inició el “principio” de la creación palpable, fue por el cual se inició todo después de la caída de Adán, Dios creó desde allí “el Universo” y dentro de él esta tierra. Y fue hecho así para que el pecador Adán y sus descendientes, en la condición de pecadores, pudiesen vivir y  multiplicarse en este estado natural, al cual hoy estamos sujetos.

No obstante Dios, en su eterno plan creador, de venir Él mismo, bajando desde su altísima morada, desde los más altos cielos a la tierra, como hombre, pero sin pecado e incorrupto, en la verdadera esencia de la materia, conforme a la formada por Dios en el cielo, en un año favorable y a su tiempo, para que así nos pudiese rescatar de esta naturaleza de pecado, conforme a la palabra en este Hoy, que es Su Día Eterno, en Cristo Jesús.

Como lo es con un grano de trigo cuando es sembrado, teniendo él que morir para así nacer del germen, a una nueva vida y existencia. En el hombre, una vez rescatado del mundo por Dios, Él Espíritu Santo hace morir este hombre natural para hacer crecer en él, el ser espiritual con Cristo.

Así, en el grano de trigo y esto como ejemplo y parábola, de este nace un brote al ser sembrado en la tierra, germinado por el agua y los abonos, haciéndolo crecer por sobre esta. Al madurar, en el paso del tiempo determinado por la naturaleza, una vez crecido y estando arriba por sobre la materia, este grano alimentado por el agua, calor y abono, creciendo en el cielo natural, en la condición de estar en una espiga, ya no es aquel grano que murió, sino que es ahora, la propia raíz que lo ayudo a crecer y la misma planta, estando multiplicada en la espiga con muchos granos, en el espacio llamado aire o  cielo, para que allí, en la cosecha pueda dar mucho fruto.

Así también somos los que tenemos el Espíritu Santo de Dios y  hemos nacido de nuevo. Seremos multiplicados en gracia y vida, levantados por Cristo de esta tierra al cielo para vivir con Él en multiplicación de vida.

El hombre, descendiente de Adán, en su propia naturaleza corrupta (caída), es como una zanahoria, por más que crezca lo hará bajo la tierra, sin alcanzar jamás la luz del día (conforme a la palabra,  Cristo es la Luz del Mundo).

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La Sabiduría del Génesis Cap 5: “EL TIEMPO DEL PECADO DE ADÁN Y EL SEXTO DIA”

sexto

Desde el tiempo en que Adán y Eva pecaron, con la maldad adquirida, a través de las palabras del maligno en el huerto del Edén, estos al escucharlo, pasaron a un estado de corrupción en el cual sus cuerpos se llenaron de pecado. O sea, en ese instante el pecado comenzó a habitar en ellos, como una enfermedad que se les introdujo.

Desde el momento en que Dios les dijo que si comiesen del  árbol de bien y del mal morirían;  comiéndolo ellos, aunque en estado de transgresión, siguieron existiendo, pero se encontraron a partir de ahí en pecado, o sea en una muerte espiritual y por lo tanto, luego desde ahí  en adelante, también morirían en lo natural. Desde ese momento, Dios les entrego a “la condición” de revestirse con pieles de animales, que significa la condición corrupta humana existente.

Los frutos permitidos por Dios para ser comidos por Adán y Eva en el Paraíso,  descritos en la palabra, se refieren a las virtudes y conocimiento de Dios, permitidos por Él para ser ingeridos por el hombre. No biológicamente, sin no como sabiduría y virtudes.

La primicia Divina y la creación natural del hombre en la tierra.

El que de arriba viene es sobre todos, es decir, Dios (Juan 3:13). O sea el Señor vino de arriba. Pero el  hombre formado por Dios en el Edén cayó desde allí a la tierra. Y no solo en cuanto espacio, sino que  también en cuanto condición.

O sea Adán no vino sobre esta tierra de la misma forma como vino Jesús. Cristo  vino de un lugar mucho más  alto en que el Edén se encuentra. Y sin pecado.
El hombre cuando estaba sin pecado en él Paraíso, él estaba por encima de este mundo o sea  sobre esta tierra, o mejor dicho, por sobre donde “habría de ser” esta creación conocida. Adán y Eva en aquel tiempo, habitaban con los ángeles.

Solo después de él pecar y cair del lugar celeste donde habitaba cerca de Dios, el mismo Creador para rescatar  ese hombre caído, (aquel que había hecho perderse, Dios lo colocó en corrupción junto a  todas las cosas que entraron en descomposición y que pasaron a esa condición a través del pecado, por la tentación a Eva y de Adán por parte de Satanás), envió a su tiempo a Jesucristo desde los más altos cielos en rescate.

Así, de este modo, por medio del sacrificio en la cruz rasgar el velo de separación entre el hombre y Dios, y entonces poder entrar en su corazón, según la revelación del evangelio, así como lo conocimos hoy.

Con este misterio vemos el poder de Dios descendiendo de arriba, de lo más alto de todos los cielos, en la manifestación del Verbo de Dios, su Hijo entregado como sacrificio pascual para edificar casa para Dios. Como dice en las escrituras:

“19 Respondió Jesús y les dijo: Destruid este templo, y en tres días lo levantaré. 20 Dijeron luego los judíos: En cuarenta y seis años fue edificado este templo, ¿y tú en tres días  levantarás? 21 Mas él hablaba del templo de su cuerpo.”

 Juan 2:19-21

“Más ¿quién será capaz de edificarle casa, siendo que los cielos y los cielos de los cielos no pueden contenerlo? ¿Quién, pues, soy yo, para que le edifique casa, sino tan sólo para quemar incienso delante de él?”

 2 Crónicas 2:6

“Pero ¿es verdad que Dios morará sobre la tierra? He aquí que los cielos, los cielos de los cielos, no te pueden contener; ¿cuánto menos esta casa que yo he edificado?”

1 Reyes 8:27

La casa edificada por Salomón, el templo, solo era una sombra de la verdadera casa de Dios, el Cuerpo Glorificado de Cristo desde su resurrección hasta siempre.

Volviendo al Génesis.

“Y la tierra estaba desordenada y vacía, y las tinieblas estaban sobre la faz del abismo, y el Espíritu de Dios se movía sobre la faz de las aguas.”

Génesis 1:2

Cuando la creación fue hecha, manifiesta, estaba desordenada y vacía, no había una forma. No se refiere esto solamente a un ordenamiento de leyes en la creación o de formas, las cuales no existían. Sino que también como las tinieblas dominaban en medio de todo esto, había un desierto, un caos en la existencia material. Algo como, sin un sentido de leyes o establecimiento constructor del proyecto de Dios.

No podía existir forma alguna sin que Él, el propio Dios, el creador, el Verbo,  manifiesto allí, le diese un camino, un lineamiento, un orden. Era necesario un principio para que tuviese un fin y todo en una ordenanza natural y espiritual establecida por Él.

Aunque estuviese el génesis material siendo ordenado por Dios en el inicio (después de la caída de Adam), lo creado allí en el tiempo decurrente, Él lo hizo en forma “temporal”.

Era algo “bueno” lo que Dios creaba en su proyecto, pero no refiriéndose a la bondad en conformidad con la plenitud de Dios como lo dice en la palabra, sino que a una imagen en sombra de la perfecta creación de Dios,  en torno a lo natural y en espera del proyecto divino y de la creación espiritual y eterna en el Cristo que estaba por venir.

En el mundo en corrupción,  Dios creo todo en forma propicia para su desenlace, aunque fuese ésta según su condición pasajera, en que la  creación en estado finito se encuentra hasta hoy.

Y esto, aun así, fue bueno delante de Dios. Bueno por ser el lugar de pasaje del hombre caído en espera de Jesucristo, con la verdadera creación; nuevos cielos y nueva tierra.

Entonces Dios vio que era “bueno” lo que creaba en el mundo en cuanto a propicio. Y esto para la manifestación de la vida natural en el génesis de las formas, y así fuese manifiesta la vida aquí en la tierra, por causa del poder de Dios, que estaba desde el principio, en el proyecto y en lo hecho por Él.

Así, esta creación que apreciamos y palpamos, Dios no la hizo para siempre. Ella misma no es eterna. El universo temporal, es algo que tiene un determinado tiempo y fin.

Por eso es que vemos pasar días y tiempos para la creación: desde el primer día del universo haber sido iniciado por Dios, hasta el sexto día, según lo descrito en el Génesis de la biblia.  Esto indica un tiempo pre-establecido, para el día de la manifestación del hombre natural en la tierra.

Y también el tiempo pasajero nos muestra la aproximación del séptimo día. Después de lo hecho por Dios, en la creación iniciada en este tiempo natural y moldeada en el mundo actual, la cual pasaría a caminar desde aquel inicio al encuentro con el proyecto futuro de Cristo, del natural hacia al espiritual, del Creador con el hombre.

Este nuevo día, el séptimo, día del Señor, se encuentra por arriba de esta realidad descrita en lo palpable y en las formas, en una manifestación plena y definitiva de Él en Él y por Él, del Génesis para lo eterno y definitivo, para la gloria del Eterno en medio de los hombres y estos con Él, en el lugar de reunión celestial, en santidad con Dios eternamente.

Es un hecho, en verdad, que el Señor vino de arriba para reunirse con los hombres aquí en la tierra. Vino de un lugar por sobre todos los cielos para hacernos participantes de su gloria. Llamándonos a entrar en un nuevo día, un día maravilloso para que en Jesucristo descansemos para siempre.

Un lugar en magnificencia; el séptimo día, fue hecho por Dios, es el descanso del Señor, en el cual se está en comunión y santidad con Él. Día creado por Dios para que nosotros, los hombres, nos reunamos con Él para siempre en ese descanso infinito y eterno de Él. Este “día de descanso”, el séptimo día, es una puerta de entrada (en santidad en el Espíritu Santo) por la cual podemos entrar en la presencia del Dios Vivo.

Descripción de días:

Dentro de los días de la semana de la creación hay: meses, años, décadas, siglos, milenios y eras. Dentro del tiempo del día del Señor todo está descrito. Ejemplo: el hombre cuando vive en esta tierra, vive en “su día de existencia” (el día es el presente) y tiene antes de “ese día”, meses, años y décadas. También, después de ese día pasaran o no, muchos años hasta el término de su día final. El día significa el tiempo actual y real en que se vive. El consciente y palpable. Porque el hombre no vive en un mes ni en un año más en este día que es el tiempo actual y real. El ahora.

El día de Dios es el tiempo que es. Que no deja de ser y ni será. Es siempre.  Es el tiempo presente pasado y futuro de El en su Eternidad, incorruptible y siempre consciente y actual para El.

¡El Hoy de Dios, es donde El junta todo en incorruptibilidad!

Y para dar glorias a Dios, en este Hoy, “el Anciano de días”, Cristo Jesús, descrito en Daniel, aparece en este glorioso su día, para juicio de todas las naciones.

“13 Miraba yo en la visión de la noche, y he aquí con las nubes del cielo venía uno como un hijo de hombre, que vino hasta el Anciano de días, y le hicieron acercarse delante de él. 14 Y le fue dado dominio, gloria y reino, para que todos los pueblos, naciones y lenguas le sirvieran; su dominio es dominio eterno, que nunca pasará, y su reino uno que no será destruido.”

Daniel 7:13