La Sabiduría del Génesis Cap 2: Tierra, Cielos y Aguas

fuentes

Dios dice así  “No había aún hecho la tierra, ni los campos, Ni el principio del polvo del mundo”. Dios es el hacedor del principio del polvo, de la esencia,  Él es el alfa y el omega.

Pero el polvo se corrompió, porque lo creado como primicia; es decir Adán, se corrompió por causa del pecado.

Luego Dios hizo o formó una creación en forma paralela al lugar del jardín del Edén.

Una vez  echado Adán y Eva del paraíso, Dios creó este mundo palpable, dividió los cielos y colocó al hombre en “el sexto día”; un tiempo de Dios en el mundo, para que este, el hombre, pudiese gobernar sobre la Tierra.

“Y dijo Jehová Dios: He aquí el hombre es como uno de nosotros, sabiendo el bien y el mal; ahora, pues, que no alargue su mano, y tome también del árbol de la vida, y coma, y viva para siempre.” Génesis 3:22

El hombre siendo conocedor de todas las cosas existentes; lo perfecto y lo imperfecto, pero que sumados los dos no pudieron ayudarlo a  llegar a la perfección. Solo lo perfecto o el bien supremo, separado de lo imperfecto o malo, en la realidad divina, es lo que Dios ha dejado como bien. Adán, sin poder separar el mal del bien, no es merecedor para Dios de la vida eterna, porque la corrupción no puede habitar con la incorrupción.

“Y lo sacó Jehová del huerto del Edén, para que labrase la tierra de que fue tomado.” Génesis 3:23

Y lo sacó Jehová del lugar de Edén, y lo devuelve Dios al lugar de donde fue tomado; la tierra, hablando “del elemento” sin formación aún, ahora en corrupción.

Dios vendrá desde este momento, a formar una tierra en corrupción conjuntamente con todo el universo para colocar el hombre al que Dios dice: “maldita será la tierra por tu causa” (Génesis 3:17). Dios había hecho el hombre del elemento “tierra” o “polvo”, antes que esta fuera formada. Porque vemos la tierra formada, como la vemos hoy, finita y mensurable.

Antes del pecado no existía muerte, por lo tanto la naturaleza animada que hoy conocemos, no había sido formada aún. Porque Dios la forma desde “el principio” pecador del hombre, donde todo lo que nace muere. El hombre es conocedor del bien y del mal por lo tanto él muere y todo lo que se rige a través de esta ley en la tierra.

Continuando…

“Estos son los orígenes de los cielos y de la tierra cuando fueron creados, el día que Jehová Dios hizo la tierra y los cielos, y toda planta del campo antes que fuese en la tierra, y toda hierba del campo antes que naciese; porque Jehová Dios aún no había hecho llover sobre la tierra, ni había hombre para que labrase la tierra.”
(Génesis 2:4-5)

Hacía mucho tiempo que ya existían todas las cosas porque Dios, primero creó al hombre en el paraíso y luego de su expulsión, creó Dios lo que hoy día palpamos. Pero este universo, lo hizo en corrupción por el pecado de Adán. Después Dios colocó al hombre en la tierra, en un  tiempo determinado, llamado “sexto día”, obviamente que este día, es un día en que el hombre fue puesto en el mundo.

Este es un día que no es medido por tiempos humanos, como de 24 horas. Estamos hablando de días de Dios. En Génesis, Dios no nos está hablando de noches, está hablando de días,  tardes y mañanas. Habla de tardes y mañanas porque para Dios no hay noche.

Para Dios es solamente en el día en que se manifiesta la creación, es por eso que dice “un día”, porque Él es el creador y siempre fue de día cuando Dios creó e hizo todas las cosas. Sin embargo para nosotros hay noches y días, pasa el tiempo pero para Dios no pasa.

En el tiempo de Adán, Dios hizo una creación de un principio no corrupto, antes del pecado. Pero el principio creado allí en Edén se corrompió, una vez corrompido el hombre. Así Dios creó en forma paralela, un universo, que es el que conocemos hoy, donde colocó el hombre ya corrupto; El Adán que conocemos nosotros, que es nuestra carne, nuestro hombre natural.

 

En resumen; el hombre creado en el jardín que estaba en el Edén en el capítulo 2 de Génesis en el versículo 7,

“Entonces Jehová Dios formó al hombre del polvo de la tierra, y sopló en su nariz aliento de vida, y fue el hombre un ser viviente.”

Este hombre era sin pecado, hecho de un elemento tierra, o polvo incorrupto, antes de la corrupción y caída.

Dios le dio el soplo, el espíritu de vida, sin ser el propio Espirito Santo, colocado en Adán, para que este fuese alma y cuerpo viviente, sin ser la imagen exacta de Dios.
Porque hombre y mujer son a la exactitud de la imagen de Dios en la creación, pero en cuanto a la promesa hecha a Abraham por su fe, es de un descendiente que viene a ser como verdadera imagen de Dios, no venida en la carne de Isaac, pero sí en el cumplimiento en Jesucristo, como hijo de Dios naciendo de mujer. De esta manera, el hombre y la mujer, dejando de ser imagen de Dios en sombra en el hombre corrupto, pasan a ser la verdadera forma, pero lo hacen  muriendo para la vieja, pasando a vivir para la nueva, que es Cristo. Porque al final no habrá ya más hombre ni mujer, solo Cristo en todo y en todos.

El hombre pasó a ser imagen de Dios, solamente después de conocer el bien y el mal, y en definitiva desde su estado natural al perfecto, una vez siendo rescatado por Jesucristo. Porque dice la escritura que después que Adán pecó junto a Eva, su mujer, y después de haberle dado Dios, pieles de animales para que se vistiesen en el nuevo mundo, corrupto por su causa; en el rescate, fuesen a imagen de Él.
Confirmar esta revelación en los versículos 21 al 24 del capítulo 3 de Génesis, donde Dios los echa de la condición de “libres del pecado” al mundo corrupto para vivir solamente revestidos con las pieles de animales, es decir la condición humana.

 

Al pecar el hombre en el Edén, queda en la condición de querer ser igual a Dios, conociendo el bien y el mal, más sin tener el poder de separarlos (el mal del bien). Condición de semejanza a Dios que solamente en Cristo, al hombre le es posible lograr, al morir para lo ya corrupto en el poder de Él, se puede dejar  esta condición natural y pasar a ser cuerpo de Dios, en el Cuerpo de Jesús. Una vez rescatada su alma.


El hombre hecho a imagen de Dios; en Génesis capítulo uno, versículo 26;

26 Entonces dijo Dios: Hagamos al hombre a nuestra imagen, conforme a nuestra semejanza; y señoree en los peces del mar, en las aves de los cielos, en las bestias, en toda la tierra, y en todo animal que se arrastra sobre la tierra.”

El hombre en el Edén había quedado en la condición de ser como Dios, al comer del árbol de conocimiento del bien y del mal. Al no poder separar el mal del bien, hubo corrupción en su cuerpo para perdición. Ahora en este mundo El Señor lo hace hombre y mujer, como a su semejanza, pero esto  en el descendiente que es Cristo, y aquí en la condición de conocedor del bien y el mal, pero sin la santidad de la incorrupción, la cual consigue en la remisión de sus pecados a través de Jesús.
El hombre como sombra de Dios y su poder, es ella en el mundo para conducirse y existir como “primicias”, siendo él en la tierra, dominador de toda la vida. Pero aun así como modelo del creador y no pudiendo vivir para siempre. Por esto es que Dios viene en su Hijo, sin pecado, en el postrer Adán para rescatarlo, ya que se había perdido. Ahora dejando lo corrupto para perdición para pasar a lo incorruptible, tanto en lo material y espiritual. Por eso es que en La Palabra se habla de nuevos cielos y nueva tierra.

Continuando con la sabiduría en Proverbios 8;

“27 Cuando formaba los cielos, allí estaba yo; Cuando trazaba el círculo sobre la faz del abismo;”

Cuando formaba los cielos. Nuevamente vamos a ver la formación de los cielos y de la tierra en el capítulo primero de Génesis. Vemos allí en el capítulo uno en los versículos 6 y 7, cuando Dios separa los cielos; es decir las aguas. (Explicado en Proverbios 8:24)

Por el poder de la sabiduría de Dios, vemos esa formación del mundo natural y de los tres cielos separándose allí. Estando  muy bien explicado en esos dos versículos. También como dice en Hebreos 1:2;

“En estos postreros días nos ha hablado por el Hijo, a quien constituyó heredero de todo, y por quien asimismo hizo el universo;”

En esta revelación, el Señor dice que a través del Hijo creó los mundos y el universo.

También en el evangelio de Juan:

“En el principio era el Verbo, y el Verbo era con Dios, y el Verbo era Dios. 2 Este era en el principio con Dios.3 Todas las cosas por él fueron hechas, y sin él nada de lo que ha sido hecho, fue hecho.” (Juan 1:1-3)

Aquí dice que el Verbo estaba con Dios y el Verbo era Dios en el principio.

Vemos aquí cómo la palabra concuerda con esa formación y creación de cielos, o sea tres cielos. Ahí podemos evidenciarlo muy bien donde se comprueban la formación de los cielos.
Dice la palabra en 2 Corintios 12:2 que hay tres cielos:

“Conozco a un hombre en Cristo, que hace catorce años (si en el cuerpo, no lo sé; si fuera del cuerpo, no lo sé; Dios lo sabe) fue arrebatado hasta el tercer cielo.”

También en el Salmos 148:4 “Alabadle, cielos de los cielos, Y las aguas que están sobre los cielos.”

Y así también en otros lugares de la palabra se habla de los tres cielos.

Más aún.

“Mas ¿es verdad que Dios habitará con el hombre en la tierra? He aquí, los cielos y los cielos de los cielos no te pueden contener: ¿cuánto menos esta casa que he edificado?” 2 Crónicas 6:18

Continuando con Proverbios 8:27;

“Cuando formaba los cielos, allí estaba yo” es decir estaba la sabiduría de Él, o sea Dios en ella. La sabiduría del Verbo. “Cuando trazaba el círculo sobre la faz del abismo;”  Se nos revela la forma de circunferencia como formato de la creación.

Como vemos en Ezequiel 1:15-19;

“15 Mientras yo miraba los seres vivientes, he aquí una rueda sobre la tierra junto a los seres vivientes, a los cuatro lados. 16 El aspecto de las ruedas y su obra era semejante al color del crisólito. Y las cuatro tenían una misma semejanza; su apariencia y su obra eran como rueda en medio de rueda. 17 Cuando andaban, se movían hacia sus cuatro costados; no se volvían cuando andaban. 18 Y sus aros eran altos y espantosos, y llenos de ojos alrededor en las cuatro. 19 Y cuando los seres vivientes andaban, las ruedas andaban junto a ellos; y cuando los seres vivientes se levantaban de la tierra, las ruedas se levantaban.”

Más aún en Ezequiel 10:9-11

“9 Y miré, y he aquí cuatro ruedas junto a los querubines, junto a cada querubín una rueda; y el aspecto de las ruedas era como de crisólito. 10 En cuanto a su apariencia, las cuatro eran de una misma forma, como si estuviera una en medio de otra. 11 Cuando andaban, hacia los cuatro frentes andaban; no se volvían cuando andaban, sino que al lugar adonde se volvía la primera, en pos de ella iban; ni se volvían cuando andaban.”

Confirmando en Apocalipsis 4:7-9;

“9 El primer ser viviente era semejante a un león; el segundo era semejante a un becerro; el tercero tenía rostro como de hombre; y el cuarto era semejante a un águila volando. 8 Y los cuatro seres vivientes tenían cada uno seis alas, y alrededor y por dentro estaban llenos de ojos; y no cesaban día y noche de decir: Santo, santo, santo es el Señor Dios Todopoderoso, el que era, el que es, y el que ha de venir. 9 Y siempre que aquellos seres vivientes dan gloria y honra y acción de gracias al que está sentado en el trono, al que vive por los siglos de los siglos,”
Las ruedas son como de la forma y tamaño del cielo porque estas representan los cielos. Entre los tres cielos hay cuatro seres vivientes, que inclusive actúan en nuestro universo, lo que suma: cuatro (tres  cielos más el universo). Cada ser viviente representa una de estas fases o cielos. Son como si fuese uno dentro del otro porque hay una unión o portal entre ellos, accesible por medio del poder de Dios a los seres vivientes. Los cuales tienen muchos ojos, significando el mirar de Dios a través de ellos sobre las cosas creadas. Los seres vivientes se trasladan desde el tercer cielo hacia los demás.

Y estos son como instrumentos y mensajeros porque Dios está por encima de ellos en su trono y es Él que tiene el dominio. Ellos no pueden darse vuelta hacia la presencia de Dios porque Dios es un fuego consumidor. Sus cuerpos también sirven como nube para sombra a lo creado, para que Dios no consuma la creación con su gloria.
Son cuatro seres vivientes de la orden de los querubines, cada uno con su rostro. Uno como si fuese semejante pero no idéntico a la faz de un león que conocemos, otro como de águila, otro como de becerro (o toro) y otro como de hombre.

Su vuelo es parecido al de un águila, pero su forma en el vuelo es como forma de menorá o candelero que estaba en el santuario. El cual, tenía siete brazos o luminarias, indicando dos pares de tres brazos a cada lado que son las puntas de las alas y el del centro sería el rostro, quitándole a esta representación del ser viviente, la base o cabo central. No son alas como de pájaro. El cuerpo es uno solo, es decir unido incluyendo estas alas.
Cuando vemos los seres vivientes andar en aquellas ruedas, podemos entender el significado de que cada uno (de los seres vivientes), tiene una influencia o tiene un poder dado por Dios, de andar en los tres cielos y en la creación terrestre, porque Dios se mostraba a Ezequiel, desde arriba sobre los querubines.

Significando también “los cielos”, esos círculos creados por Dios, que son los tres cielos y el mundo material.

Como fue dicho anteriormente en Proverbios 8, 27, cuando trazaba el círculo sobre la faz del abismo. Es decir sobre la nada Dios hizo, extendió cielos, sobre la nada creó todas las cosas y también lo que parece como nada también Dios lo hizo para poder después colocar sus cosas, las cosas creadas por Él.

“28 Cuando afirmaba los cielos arriba, Cuando afirmaba las fuentes del abismo;”
(Proverbios 8:28)

“Cuando afirmaba los cielos arriba”, cuando Dios colocaba las columnas, la formación perfecta y exacta a través de leyes espirituales y naturales de todas las cosas. Habla de arriba de la tierra, de los cielos. Es decir, hay una creación más allá de este mundo natural pero que se rige conforme a lo creado por Dios. No se rige sola ni por si misma,  está sujeta al poder y control del Creador.

Cuando afirmaba las fuentes del abismo;”Esto significa: que no hay poder alguno que pueda venir del abismo en cuanto a imperfección, en cuanto a lo no creado, en cuanto a corrupción, que pueda tomar lo creado y deformarlo, dividirlo, diluirlo o hacer que lo que ha establecido Dios, no sea más, conforme las leyes naturales y espirituales que Él ha colocado.

Estamos hablando del mundo creado espiritual y del mundo natural. ¿Qué podría deformar la ley espiritual?, obviamente aquel que la deformó que  fue Satanás, entonces; este por más mal que pueda hacer, y también interferir en lo hecho, no tiene el poder absoluto en el hombre y el mundo, sobre las cosas visibles e invisibles para deformarlas; por no haber en él poder constructor, solo de corrupción, por eso en el maligno no hay poder sobre las formas ni espirituales, ni menos materiales.

En el tiempo presente, el hombre se rige a través de una ley natural aquí en la Tierra. Podemos ver que el mundo ha sufrido enormemente porque él, el hombre, ha transgredido las leyes naturales; se ha calentado el planeta, se han destruido los mares, la vida silvestre como bien sabemos, se han cortado los bosques. Así el hombre cuando transgrede la ley natural, obviamente que tiene consecuencias gravísimas en el mundo natural y espiritual. Si el hombre transgrede la ley natural; donde no debe matar y mata, no debe robar y roba, también tiene consecuencias terribles en los dos planos, por ir en contra de la ley colocada por Dios; o sea, el hombre no debe dañar al prójimo ni a lo que Dios ha creado en lo tangible y espiritual.


“29 Cuando ponía al mar su estatuto, Para que las aguas no traspasasen su mandamiento; Cuando establecía los fundamentos de la tierra,” 

“Cuando ponía al mar su estatuto, Para que las aguas no traspasasen su mandamiento,” mar; agua. Si lo que tiene la abundancia como sabemos (el mar) que es más que lo demás, y esto pudiese en todo instante cubrir o invadir lo que Dios ha creado, las aguas no dejaría libre al mundo para la manifestación del  hombre y las criaturas y para que también en este lugar no se pudiese manifestar la vida; no habría ley de Dios en el orden de las cosas, como es la vida de las criaturas y la vida del hombre. O para que Dios colocase allí  la vida prometida es decir su templo que es Jesucristo, su vivienda.
Si los cielos o aguas, como se denominan las regiones creadas en Génesis 1:6-7, y si este conjunto hechura de Dios, aun mismo antes de la manifestación de que las formas fuesen palpables, en cuanto al sentido creador en sabiduría de Dios, si ellas sin el sentido divino pudiesen invadir lo que conocemos como realidad,  ya no seriamos mas proyecto de Dios en el lecho de este mundo, ni tan poco las primicias hecha desde el polvo.

Porque en el cielo desde el tiempo del pecado hay un gran combate, una gran batalla. Y desde entonces Dios separó sus ángeles santos. También sabemos que hay potestades y principados, potencias malignas en las regiones celestes, intentando dominar el principio de la vida hecha por Dios en el hombre y en la naturaleza. Es una gran guerra, una gran revolución en la creación. El demonio intenta destruir lo creado por Dios en esa condición de vanidad (vanidad es todo aquello que no permanece).

Con todo esto tenemos la revelación de que Dios ha separado un lugar; “en las aguas”, esencia de la creación, en el poder de Dios, que dio un sentido a la primicia espiritual y tangible. Significando también que poder alguno, aunque sea fuerte o superior y esté consciente de lo creado, como lo son los ángeles antes de la caída y después, pueda invadir o sobrepasar la voluntad de Dios  en lo espiritual y donde ha creado al hombre, y a todos los seres vivientes, ni tampoco lo pueden invadir aquellos poderes que confrontan a  Dios a través de las eras.

Podemos ver que la tierra, es siempre más alta que las aguas (su nivel es mayor). Dios prometió “una tierra nueva” a su pueblo, más alta que las aguas, es decir que el mundo (aguas=mundo), y Dios prometió que en “esa tierra”, se plantaría, daría  mucho fruto y de él comeríamos, y esa tierra santa hoy en día es la Palabra, el poder de Dios, la sabiduría, lo divino y el conocimiento de Dios.

Dios coloca a través del misterio de la salvación como “tierra nueva”, la primicia de lo que ha sido hecho el nuevo hombre; que es Jesús. Y este es el lugar más alto en la creación, o sea la tierra santa y prometida, que es más sublime que todo “lo otro” creado.

“Lo dejado para atrás en la vieja naturaleza” es aquello aunque parece que es mayor y más abundante o  grande, el mundo (hablando de las aguas), es la Creación que dejará de ser.

Es decir el hombre en Cristo es la primicia de Dios y él es la creación eterna; nuevos cielos y nueva tierra.

Vamos a decir así; los cielos son enormemente mayores que el universo conocido, el primer cielo es mayor que él, luego el segundo y así el tercero. Cada uno mucho mayor que el otro. Nosotros somos los menores hablando de espacio, sin embargo es donde Dios ha establecido “La Vida” desde lo más alto de los cielos, donde Él está y también en la tierra; en el corazón del hombre.

Vemos que el lugar para morada en la eternidad para el hombre es en una tierra, en la promesa hecha por Dios, un lugar magnífico, hecho para los escogidos. Claro que no tenemos hoy en esta tierra aun  la eterna (a no ser en la comunión con él Espíritu Santo), tenemos la promesa de una tierra hecha en los cielos que es eterna, entonces ahora esperamos una “nueva tierra” que viene de los cielos con la ciudad celeste.

Certificamos que esto es pasajero por lo que hemos dicho anteriormente del pecador Adán, que fue expulsado y fue colocado en un mundo terrenal ya corrupto. Sin embargo Dios dice que “es bueno” lo hecho por Él (la creación en este universo) pero no hablando de bondad, si no en lo que es bueno y apto para vivir y subsistir; para que el hombre en este mundo, reconozca el señorío de Dios, y obtenga de Él la misericordia en esta tierra. En ella fue colocado en el “sexto día” para su rescate, en el tiempo por Dios a través de Jesucristo.

Continuando en Proverbios 8:29…

Para que las aguas no traspasasen su mandamiento”. Esta revelación refiérase a mandamientos, cuando Dios  establecía los fundamentos de la tierra. Vemos que la tierra es como primicia encima de los fundamentos, en cuanto a mares y aguas significando las extensiones celestes y en todo lo que existe. Sabemos, como criaturas separadas por Dios, de la naturaleza del mundo que, tenemos la primacía en la creación y está para la eternidad en Jesucristo. La que  habla y se manifiesta a través de mandamientos en los fundamentos de la última y definitiva creación eterna.
Si es un mandamiento también es una ley de Dios que está establecida. La Ley fue dada a Israel en la carne y la ley en Cristo a nosotros y reunidos en ella, todos somos así, Israel espiritual. Concluimos que el mandamiento de Dios está con sus hijos, en el primogénito que es Jesucristo; los que habitando en su tierra prometida por Dios, la misma que habla  la promesa en la palabra, de la tierra eterna, en la que somos la única primicia y creación en el definitivo proyecto de Dios desde el principio del Génesis. Principio teniendo como alimento el árbol de la vida y no el del conocimiento del bien y del mal a partir del hombre Adán.

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