El Monte de la casa de Dios en los últimos días

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“Lo que vio Isaías hijo de Amoz acerca de Judá y de Jerusalén:

(2) Acontecerá en lo postrero de los tiempos, que será confirmado el monte de la casa de Jehová como cabeza de los montes, y será exaltado sobre los collados, y correrán e él todas las naciones.

  (3) Y vendrán muchos pueblos, y dirán: Venid, y subamos al monte de Jehová, a la casa del Dios de Jacob; y nos enseñará sus caminos, y caminaremos por sus sendas. Porque de Sion saldrá la ley, y de Jerusalén la palabra de Jehová.

(4) Y juzgará entre las naciones, y reprenderá a muchos pueblos, y volverán sus espadas en rejas de arado, y sus lanzas en hoces; no alzará espada nación contra nación, no se adiestrarán más para la guerra.

(5)Venid, oh casa de Jacob, y caminaremos a la luz de Jehová.”

Isaías 2:1-5  

 

En los últimos días…

Esta profecía de Isaías se refiere al final de los tiempos. Donde dice “en los últimos días”, se refiere a los días próximos de aquel que es el Principio y el Fin de todas las cosas.

O sea,

Los últimos días son los días en que se manifiesta el Dios Todopoderoso, el Fuego Purificador y devorador.

Ahora, sabemos que Jesús es Aquel de quién se dijo: ¿quién podrá soportar el día de su venida?

“He aquí yo envío mi mensajero, el cual preparará el camino delante de mí; y vendrá súbditamente a su templo el Señor a quién vosotros buscáis, y el ángel del pacto, a quién deseáis vosotros. He aquí viene, ha dicho Jehová de los ejércitos.

(2) ¿Y quién podrá soportar el tiempo de su venida?

¿O quién podrá estar en pie cuando él se manifieste? Porque Él es como fuego purificador, y como jabón de lavadores.”

Malaquías 3:1-2.

 

Pues cuando Él se manifestó hubo un juicio certero en  todos los que lo presenciaron:

 

“Y los bendijo Simeón, y dijo a su madre María: He aquí este está puesto para caída y para levantamiento de muchos en Israel, y para señal que será contradicha.

(Y una espada traspasará tu misma alma), para que sean revelados los pensamientos de muchos corazones.”

Lucas 2:34-35

 

Para tamaña gloria y juicio, fue enviado un poco antes Juan El Bautista (aquel de que fue dicho: “yo les envío un mensajero…”), justamente para preparar el camino del Señor y convertir los corazones de los hijos de Israel, quebrantándolos para Aquel que luego enseguida vivirá; para que así el no fuese piedra de tropiezo y condenación para todo el pueblo. Así mismo, en su manifestación, muchos de Israel que pensaban estar vivos perecieron cuando él vino; muchas de las autoridades religiosas, maestros de la Escritura: fariseos, saduceos, y escribas; y también autoridades políticas como Herodes, Pilatos y soldados.

 

Así mismo también, por otro lado, muchos de los que estaban muertos vivieron por creer (como prostitutas, cobradores de impuestos, ladrones, ciegos, cojos y mendigos que se convirtieron), como nos relata la Palabra:

“Oyó Jesús que le habían expulsado, y Hallándole, le dijo: [a un ciego que había curado]

 ¿Crees tú en el Hijo de Dios?

Respondió él y dijo:

¿Quién es Señor para que crea en él?

Le dijo Jesús:

Pues le has visto, y el que habla contigo, él es.

Y él dijo:

Creo Señor, y le adoró.

Dijo Jesús:

Para juicio he venido yo a este mundo; para los que no ven vean, y los que ven sean cegados.

Entonces algunos de los fariseos que estaban con Él, al oír esto, le dijeron: ¿acaso nosotros somos también ciegos?

Jesús les respondió:

“Si fuerais ciegos, no tendríais pecado; mas ahora, porque decís: Vemos, vuestro pecado permanece.”

Juan 9:35-41.

 

Así cuando se dice “los últimos días”, se está refiriendo al día en que el Señor está; o su día, aquel que Jesús se manifiesta.

No los días de los hombres, en los tiempos del hombre. Esperando ahora este mismo Día, en el cual El ya vino a morir en la cruz, y resucitó, y se derramó en Pentecostés, que ahora venga nuevamente y se manifieste en plenitud como Juez y Fuego, para que todo ojo lo vea, sobre toda la creación (ver 2 Pedro 3)

______________________

El fin de los tiempos y los últimos días son el tiempo en que el Señor es y se manifiesta en plenitud, pasando de intensidad en intensidad, hasta su presencia total.

Por eso Pedro lo llamará el día de pentecostés (día en que el Señor se derramó sobre su pueblo), de “los últimos días” también.

 

“Porque estos hombres no están ebrios, como vosotros suponéis, puesto que es la hora tercera del día. Más esto es lo dicho por el profeta Joel:

Y en los postreros días, dice Dios, derramaré de mi Espíritu sobre toda carne, y vuestros hijos y vuestras hijas profetizarán; vuestros jóvenes verán visiones, y vuestros ancianos soñarán sueños.

Hechos 2:15-17

 

Y Pablo lo va a llamar el tiempo de la manifestación de Jesús de “La Plenitud de los Tiempos”

“Dándonos a conocer el misterio de su voluntad, según su beneplácito, el cual se había propuesto en sí mismo, de reunir todas las cosas en Cristo, en la dispensación del cumplimiento de los tiempos, así las que están en los cielos, como las que están en la tierra.”

Efesios 1:9-10

 Así la profecía revelada en Isaías se refiere a los días que Jesucristo consumaría su obra en la cruz, obra que hace eco por los tiempos pasados y futuros, en el siglo presente y por venir.

 

“Acontecerá en lo postrero de los tiempos, que será confirmado el monte de la Casa de Jehová como cabeza de los montes, y será exaltado sobre los collados, y correrán a él todas las naciones”

Isaías 2:2

 

 En esos días, la profecía dice que el monte en que fue construido la casa del Señor (representado, en sombra con el monte Sion en que fue erigido el templo por el “hijo de David”, el rey Salomón) sería establecido sobre otros montes , en su cima. Y para allá fluirían todos los pueblos.

Ahora, ¿cómo un monte podría ser transportado a la cima de otros montes? Y encima de ese único monte, o de la casa del Señor, ¿ser establecido sobre varios montes en plural?

En esto está un misterio: es preciso entender que significa aquí el monte.

Cuando la palabra de Dios habla de “monte”, está hablando del lugar más elevado entre la tierra y el cielo. Un lugar en la tierra que está más próximo del cielo.

Como hay un sentido natural de monte, tierra y cielo de este mundo, hay también un espiritual de cielos, tierra y monte también.

Los cielos como mundo celestial y espiritual, donde está Dios.

La tierra nos representa a nosotros: “tú eres solo polvo y al polvo volverás”

Y los montes en la tierra, significan el lugar más alto y próximo de los cielos, o sea el corazón  del hombre.

Por eso es que se dice:

“Antes bien como está escrito: Cosas que ojo no vio, ni oído oyó, Ni han subido en corazón de hombre, son las que Dios ha preparado para los que le aman” (1 Corintios 2:9)

[“subió” al corazón porque el corazón es el lugar alto, o más alto en nosotros] Y de Jesús, viniendo sobre su esposa en Cantar de Cantares dice:

“¡La voz de mi amado! He aquí Él viene saltando sobre los montes, brincando sobre los collados.” (Cantares 2:8)

Refiriéndose con eso que el Señor Jesús, así como nace el día y va clareando la cima de los montes, así también Él mismo vivirá saltando de corazón en corazón, en muchos hombres por la Palabra predicada del Evangelio, convirtiendo a muchos a su gloria.

Por eso Isaías profetiza que Dios mismo, en Jesucristo, establecería el  monte de la Casa del Señor (el corazón de la morada de Dios, o sea el corazón del propio Dios) en la cima de los corazones de los hombres.

 Estos, que son los pueblos, acudirán para la morada del Señor.

 

 “Acontecerá en lo postrero de los tiempos, que será confirmado el monte de la Casa de JEHOVA como cabeza de los montes, y será exaltado sobre los collados, y correrán e él todas las naciones.”

Y eso se dice literalmente porque Dios, no pudiendo habitar en morada hecha por manos de hombres, el mismo vino a hacer morada para sí, en la manifestación en carne de Jesucristo.

Y allí habitó en plenitud, y llamó a su pueblo para morar en el mismo Cuerpo. Haciendo de aquel que en Él cree como Hijo de Dios y Dios mismo, Templos del Espíritu Santo de Dios, Templos del Altísimo. Como está escrito:

El Dios que hizo el mundo y todas las cosas que en él hay, siendo Señor del cielo y de la tierra, no habita en templos hechos por manos humanas, ni es honrado por manos de hombres, como si necesitase de algo; pues Él es quién da a todos vida y aliento y todas las cosas.”

Hechos 17:24-25

“¿No sabéis que sois templo de Dios, y que el Espíritu de Dios mora en vosotros?

1 Corintios 3:16

“Respondió Jesús y les dijo: Destruid este templo, y en tres días lo levantaré. Dijeron luego los judíos: En cuarenta y seis años fue edificado este templo, ¿y tú en tres días lo levantarás?  Más él hablaba del templo de su cuerpo.”

Juan 2:19-21

 

“No se turbe vuestro corazón; creéis en Dios, creed también en mí. En la casa de mi Padre muchas moradas hay; si así no fuera, yo os lo hubiera dicho; voy pues, a preparar lugar para vosotros. Y si me fuere y os preparare lugar, vendré otra vez, y os tomaré a mí mismo, para que donde yo estoy, vosotros también estéis.”

Juan 14:1-3

Tremenda esa Palabra y digna de toda aceptación, porque testificamos como Iglesia de Cristo que la profecía se cumplió y somos testimonios vivos de su concretización, en cuanto casa viva en que habita Dios y moradores del Monte Celestial, del monte Sion, corazón de Dios.

Así esta palabra es para el presente. Como ya se ha cumplido, y aún más se revelará en su plenitud, cuando lo que está dentro de nosotros se revelará como Él, en la venida de Jesús.

De la Iglesia de él se ha dicho:

“Sino que os habéis acercado al monte de Sion, a la ciudad el Dios vivo, Jerusalén la celestial, a la compañía de muchos millares de ángeles, a la congregación de los primogénitos que están inscritos en los cielos, a Dios el juez de todos, a los espíritus de los justos hechos perfectos, a Jesús el Mediador del nuevo pacto, y a la sangre rociada que habla mejor que la de Abel.

Mirad que no desechéis al que habla. Porque si no escaparon aquellos que desecharon al que los amonestaba en la tierra, mucho menos nosotros, si desecháremos al que amonesta desde los cielos. La voz del cual conmovió entonces la tierra, pero ahora ha prometido, diciendo:

Aún una vez, y conmoveré no solamente la tierra, sino también el cielo. Y esta frase: Aún una vez más indica la remoción de las cosas movibles, como cosas hechas, para que queden las inconmovibles.

Así  que, recibiendo nosotros un reino inconmovible, tengamos gratitud, y mediante ella sirvamos a Dios agradándole con temor y reverencia.”

Hebreos 12:22-29

Y continuando la profecía de Isaías:

 

“Y vendrán muchos pueblos, y dirán: Venid, y subamos al monte de Jehová, a la casa del Dios de Jacob; y nos enseñará sus caminos, y caminaremos por sus sendas. Porque de Sion saldrá la Ley, y de Jerusalén la palabra de JEHOVA

Isaías 2:3

 

De Sion saldrá la Ley, porque Sion ahora habita en nosotros y nosotros en él.

Porque la ley salió de Sinaí en el desierto. Ella había sido dada en piedras en el monte Sinaí a Moisés (a partir del tercer día del tercer mes [Ex.19], tiempo de Pentecostés, después de la Pascua en Egipto).

Por eso, ahora, en la nueva alianza, expresada en la profecía de Isaías, la Ley saldría de Sion, monte donde está el Templo del Señor en Jerusalén. O sea, la misma Ley dada en el desierto ahora descendió del cielo viva, y fue escrita con Fuego del Espíritu en las tablas de nuestro corazón (desde el día de Pentecostés después de la resurrección de Jesús, el verdadero Cordero Pascual). Una nueva alianza circundada en nosotros con la sangre y la carne de Jesús.

 

“He aquí que vienen días, dice JEHOVA, en los cuales haré nuevo pacto con la casa de Israel y con la casa de Judá.

No como el pacto que hice con sus padres el día que tomé su mano para sacarlos de la tierra de Egipto; porque ellos invalidaron mi pacto, aunque fui yo un marido para ellos, dice JEHOVA.

Pero este es el pacto que haré con la casa de Israel después de aquellos días, dice JEHOVA: Daré mi ley en su mente, y la escribiré en su corazón: y yo seré a ellos por Dios, y ellos me serán por pueblo.”

Jeremías 31:31-33

Jesús bendiga su Iglesia Hasta el fin. Amén

 

Alan.

 

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