La Pascua de Jesucristo

pascoa

Jesús, dijo a sus discípulos:

“Y les dijo: Esto es lo que yo os decía cuando todavía estaba con vosotros: que era necesario que se cumpliera todo lo que sobre mí está escrito en la ley de Moisés, en los profetas y en los salmos. Entonces les abrió la mente para que comprendieran las escrituras”.

Lucas 24:44-45

Este pasaje muestra a los apóstoles teniendo entendimiento de la Palabra de Dios solo después que Jesús les muestra la llave para la comprensión de sus misterios: Era de El Mismo que las escrituras decían y testificaban.

Cuando leemos las escrituras no simplemente como letras escritas sino como Palabra Viva de Dios, donde está contenida su justicia y su verdad, entonces pasamos a ver “su rostro” reflejada en cada versículo.

Vemos su rostro manifiesto en aquel por quien todo fue creado y establecido y en quien Dios se hizo conocido: en su Hijo Jesucristo.

“Porque Él nos libró del dominio de las tinieblas y nos trasladó al Reino de su Hijo amado, en quién tenemos redención: el perdón de los pecados. Él es la imagen del Dios invisible, el primogénito de toda la creación.

Porque en Él fueron creadas todas las cosas, tanto en los cielos como en la tierra, visibles e invisibles; ya sean tronos o dominios o poderes o autoridades; todo ha sido creado por medio de Él y para Él.

Y Él es antes de todas las cosas, y en Él todas las cosas permanecen. Él es también la cabeza del cuerpo que es la Iglesia; y Él es el principio, el primogénito de entre los muertos, a fin de que Él tenga en todo la primacía.

Porque agradó al Padre que en Él habitara toda la plenitud, y por medio de Él reconciliar todas las cosas consigo, habiendo hecho la paz por medio de la sangre de su cruz y por medio de Él repito, ya sean las que están en la tierra o las que están en los cielos.  

Colosenses 1:13-20.

Todo testifica de Él, “porque de Él, por Él y para Él son todas las cosas” (Romanos 11:36). De Génesis a Apocalipsis y de todo el universo material creado y todas las dimensiones espirituales, todo da testimonio de Él. Porque es en Jesús, que Dios manifestó toda la creación la expresa persona de sus ser.

En Éxodo 12

Con la celebración de la Pascua que fue ordenada por Dios a Moisés no es diferente. La Pascua también pre-anuncia el sacrificio y amor de Jesús por nosotros, incluso muchos siglos antes de su venida en la carne al mundo.

A través del cuerpo del verdadero cordero inmolado. Toda la pascua de Éxodo 12 muestra la Salvación de Dios:

1 “Y el Señor habló a Moisés y a Aarón en la tierra de Egipto, diciendo:

2 Este mes será para vosotros el principio de los meses; será el primer mes del año para vosotros.

3 Hablad a toda la congregación de Israel, diciendo: el día diez de este mes  cada uno tomará para sí un cordero, según sus casas paternas; un cordero para cada casa.

4 Mas si la casa es muy pequeña para un cordero, entonces él y el vecino más cercano tomarán uno según el número de personas, conforme a lo que cada persona coma dividiréis el cordero.”

Tan importante es el significado de la pascua que en principio para establecer la fiesta pascual, Dios rompe con el marco tradicional del tiempo de su pueblo, y determina que el año comienza en el mes de conmemoración de la pascua. Pascua que significa “pasar de”, del hebreo pessach.

El establece el ritual de la pascua para simbolizar el pasar del pueblo escogido de la condición de esclavitud (pues en esta época el pueblo de Israel era esclavo en la tierra de Egipto) Para la condición de libertad.

Por eso, esa liberación de la tierra de Egipto a pesar de todas estas grandes señales de las diez plagas, culminando con el pasar del ángel destructor, representaría  solo una alegoría de la verdadera liberación que Dios cumpliría en Jesucristo. (Hebreos 9)

Después de la venida de Jesús, desde su crucifixión y resurrección hasta el día de hoy, la libertad que Dios ofrece para su pueblo ya no es solo una liberación del trabajo forzoso en este cuerpo de carne frágil, como aconteció en Egipto 

Sin embargo en Cristo, tenemos la liberad eterna de las cadenas que existían en nuestras almas, las corrientes de nuestros sufrimientos y culpas más profundas, el vacío del corazón y ceguera espiritual. Prisioneros de nuestros pecados (porque todos pecamos) que causan enemistad entre Dios y nosotros, distanciándonos de aquel que a pesar de amarnos tanto, El Santo y justo, no pudiendo justificar nuestros pecados con impunidad de lo que es el mal.

“Por cuanto todos pecaron y no alcanzan la gloria de Dios”

Romanos 3:23

Por eso, dando su propio Hijo Unigénito en sacrificio para pagar nuestras deudas, esa deuda se puede pagar por justicia con el cuerpo de Jesucristo, lavarnos y nos pone en plena libertad del pecado con El para siempre.

Como el Señor dice en el inicio de su ministerio:

“El Espíritu del Señor está sobre mí, porque me ha ungido para anunciar el evangelio a los pobres. Me ha enviado para proclamar libertad a los cautivos, y la recuperación de la vista a los ciegos; para poner en libertad a los oprimidos; para proclamar el año favorable del Señor”.

Lucas 4: 18-19.

Y, si fue grandiosa la liberación y las señales con aquel pueblo de Israel, que sellaron con carne de animal, ¿cuanto mayor es nuestra libertad hoy? Que nos sellamos con Jesucristo, que tomamos de su sangre y comemos de su cuerpo, simbolizados en el pan y en el vino de la santa cena, el Cordero que quita el pecado del mundo.

 “Así que, si el Hijo os hace libres seréis realmente libres”

Juan 8:36

Insondable es la libertad en el Espíritu de Dios, dado a todo  aquel que abre el corazón para Jesucristo. Maravillosa es esta justicia de Dios ofrecida gratuitamente a nosotros por la fe en su Hijo, realizada en su propia carne, simplemente por amarnos.

“…Porque Cristo es nuestra pascua, fue sacrificado por nosotros”

1 Corintios 5:7

“..Sabiendo que fuisteis redimidos de vuestra vana manera de vivir heredada de vuestros padres con cosas perecederas como oro o plata, sino con sangre preciosa, como de un cordero sin tacha y sin mancha, la sangre de Cristo.

Porque Él estaba preparado desde antes de la fundación del mundo, pero se ha manifestado en estos últimos tiempos por amor a vosotros que por medio de Él sois creyentes en Dios, que le resucitó de entre los muertos y le dio gloria, de manera que vuestra fe y esperanza sean en Dios”.

1 Pedro 1:17

Así cuando se dice:

“2 Este mes será para vosotros el principio de los meses; será el primer mes del año para vosotros.”

Vemos la Pascua abriendo pasaje, espiritualmente, para el año favorable al Señor. El año de la cena con el Cordero, “el tiempo” de Jesucristo con nosotros y de nosotros con Jesucristo, cuando comemos de su carne y tomamos de su sangre, La nueva alianza (o pacto) entre Dios y los hombres.

“Y tomado una copa, y habiendo dado gracias, se la dio diciendo: bebed todos de ella; porque esto es mi sangre del nuevo pacto que es derramada por muchos, para el perdón de los pecados”.

Mateo 26:27

“El que come mi carne y bebe mi sangre permanece en mí y yo en él”

Juan 6:56

Jesús abre para nosotros la entrada al descanso de Dios, para estar con El para siempre (como sumo sacerdote que se hizo dentro de nosotros, el verdadero templo de Dios-La dimensión del Espíritu Santo en nosotros, sus hijos-a los que le confiesan).

De manera que por medio de Él nos tornamos templo y habitación del grade “Yo Soy”. Siendo transformados del polvo de la tierra, vasos de barro, en Templo de la manifestación de la gloria de Dios.

El Señor de los señores hace de los últimos a los primeros, primicias de toda su creación, incluso entre los seres espirituales mayores que nosotros. Por lo tanto, la Pascua-“el Pasar”-, que es el símbolo máximo de la cena con el Cordero, no fue instituida en función de pasar de la destrucción. El pasar del destructor sobre la tierra fue y nuevamente será consecuencia de la separación de los hijos de Dios de los que no los son. Dios no gobierna las cosas en función de la destrucción sino en la salvación de los que Él ama.

“3 Hablad a toda la congregación de Israel, diciendo: el día diez de este mes  cada uno tomará para sí un cordero, según sus casas paternas; un cordero para cada casa.

4 Mas si la casa es muy pequeña para un cordero, entonces él y el vecino más cercano tomarán uno según el número de personas, conforme a lo que cada persona coma dividiréis el cordero.”

El verdadero cordero, Jesucristo, es mucho mayor que las necesidades de cualquiera uno de nosotros que nos confesamos. Él y sus planes para nosotros va mucho más allá de cualquier expectativa nuestra. Por eso este  “tomar uno solo con su vecino”, porque su sacrificio es “suficiente” para todos aquellos que quisieren cenar con Él.

Como el Cordero excede todas nuestras necesidades, a la orden en este caso para repartirla con el vecino, que simboliza nuestro prójimo. Eso representa la necesidad de la Iglesia, que somos nosotros en Cristo, de predicar a nuestro prójimo la cena que Dios preparó a los hombres: El Evangelio, presente de salvación por la gracia de Dios en Jesucristo.

Así se cumple la promesa de Dios hecha a Abraham, de que “todas” las familias de la tierra serían bendecidas con su descendencia y esta descendencia es Cristo. Pues todas las familias sobre la tierra que oyen y creen  en su venida pueden ser parte de la familia de Dios ahora y para siempre. Que vengamos a cenar el cuerpo y la sangre del Cordero con todos los que fuera posible.

Porque así como le recibimos y como con Él cenamos sin ningún mérito nuestro, más por la misericordia de Dios, así debemos también compartir lo que ganamos sin buscar méritos o desméritos en el prójimo y en nosotros mismos.

EXODO 12

“5 El cordero será un macho sin defecto, de un año, lo apartaréis de entre las ovejas o de entre las cabras.

6 Y lo guardaréis hasta el día catorce del mismo mes; entonces toda la asamblea de la congregación de Israel lo matará al anochecer.

7 Y tomarán parte de la sangre y la pondrán en los dos postes y en el dintel de las casas donde lo coman. 

8 Y comerán la carne esa misma noche, asada al fuego, y la comerán con pan sin levadura y con hierbas amargas.

9 No comerán nada de él crudo ni hervido en agua, sino asado al fuego, tanto su cabeza como sus patas y sus entrañas.”

“el cordero o cabrito serán sin mancha….”

Jesucristo, el verdadero cordero no tiene mancha. Él no tiene pecado. Eso porque la promesa es que vivamos con Dios eternamente en santidad.

Por eso para santificarnos, tendría que haber por justicia el sacrificio de un santo. De esa manera un santo podría pagar la deuda de pecado y requerir la santidad a aquellos a que él se entregó. Esta era la única forma de hacernos parte de la familia de Dios de forma justa.

“Y para reconciliar con Dios a los dos en un cuerpo por medio de la cruz, habiendo dado muerte en ella a la enemistad.

Y vino y anunció paz a vosotros que estabais lejos, y paz a los que estaban cerca; porque por medio de Él los unos y los otros tenemos nuestra entrada al Padre en un mismo Espíritu.

Así pues, ya no sois extraños ni extranjeros, sino que sois conciudadanos de los santos y sois de la familia de Dios.

Efesios 2:16-19

El un cordero santo sin mancha alguna, “de un año”. Este “un año” representa “un tiempo”, el tiempo perfecto de Dios, el mismo sentido de un año aceptable al Señor. (Como ya vimos)

Cada tiempo espiritualmente trae consigo una dimensión propia (un mundo, un espacio) porque dice respecto a una ocasión particular para Dios. Por ejemplo cuando se dice de algo “secular”, entendemos generalmente que se está refiriendo de algo que es de 100 años o más, de un siglo. Pero también entendemos por “secular” cuando se dice alguna cosa respecto de este mundo, de esta dimensión:

“¿Dónde está el sabio? ¿Dónde el escriba? ¿Donde el polemista de este siglo? ¿No ha hecho Dios que la sabiduría de este mundo sea necedad?

1 Corintios 1:20 (Ver tb 2 Co 4.4, Heb. 4) 

De la misma forma, cuando decimos que el Señor sea bendito por los siglos de los siglos, no estamos hablando del tiempo de los hombres, estamos diciendo que Él sea bendito en todos los tiempos y en todas las dimensiones que existen: En la tierra, en el cielo, en el cielo de los cielos, y en los cielos de los cielos de los cielos, para todo y siempre ¡Amén!

Así este tiempo de “un año” que dice la Palabra, representa lo que un cordero es en el tiempo del Señor, en la dimensión de Dios. Él ya venía de allí.

“Y ahora, glorifícame tú, Padre, junto a ti, con la gloria que tenía contigo antes que el mundo existiera”.

Juan 17:5

“12:6 Y lo guardaréis hasta el día catorce del mismo mes; entonces toda la asamblea de la congregación de Israel lo matará al anochecer.”

El sacrificio del cordero se hace el día 14 al anochecer, o sea quedaba para el otro día (pues el día para los judíos comienza en la tarde…y fue la tarde y la mañana el primer día Gn1:5)

Y en el día décimo cuarto se completa el segundo periodo (7+7), que simboliza la conclusión de la segunda alianza. Dios dando de su propio Espíritu para los hijos de los hombres, a partir del sacrificio de Jesús, siendo derramado en el día de Pentecostés. Pero no hablaremos de esto ahora.

“El cual también nos hizo suficientes como ministros de un nuevo pacto, no de la letra sino del Espíritu; porque la letra mata pero el Espíritu da Vida”. 2 Corintios 3:6 (ver tb. Hb 8, Jr 31.31 y Ez 37)

“7 Y tomarán parte de la sangre y la pondrán en los dos postes y en el dintel de las casas donde lo coman.”

La sangre del Cordero marca las puertas de las casas. Jesús marca con su sangre la entrada al lugar más deseable por Él, a nuestro corazón (la puerta de la casa) de todos nosotros que lo aceptamos. Nosotros ahora sus hijos, sus “casas” que sellamos con Él para que nunca más pase sobre nosotros destrucción y seamos condenados.

“He aquí yo estoy a la puerta y llamo, si alguno oye mi voz y abre la puerta, entraré a él, y cenaré con él y él conmigo”.

Apocalipsis 3.20

“8 Y comerán la carne esa misma noche, asada al fuego, y la comerán con pan sin levadura y con hierbas amargas.

9 No comerán nada de él crudo ni hervido en agua, sino asado al fuego, tanto su cabeza como sus patas y sus entrañas.”

La comunión con el Señor en nuestras vidas va junto con una transformación del Espíritu Santo en nosotros. El, El Espíritu, es el fuego con el cual Jesús fue ofrecido como sacrificio. Y es este mismo fuego que quema todo pecado de nuestra carne cuando se manifiesta en nosotros. Con Él y para Él somos trasformados y santificados.

No hay comunión con Jesús si mantenemos la comunión con los malos deseos de nuestra carne, sin la presencia del Espíritu Santo de Dios. Esto sería como ofrecer un sacrificio sin fuego, sin quemar la carne de la ofrenda (no comeréis de ella cruda) y solo este fuego puede liberar la tendencia natural del hombre al pecado. Ninguno se libera solo, sin Él.

Como también no tenemos comunión con Él, si habiendo recibido el Espíritu, no nos dejamos transformar, no lo dejamos resplandecer a Él en nosotros. Es como una simiente plantada en la tierra que no germina. Y es por el peso de la  tierra (pecados de nuestra carne) acaba sofocada y muere.

 “…ni cocido en agua..”

Una vez que Él nos fue dado y pasamos a bañarnos en sus dones, incluso si nos mantenemos junto a su presencia con los deseos de nuestra carne, sin quemarla en el fuego, es como si prostituyésemos lo que nos fue dado (que es Santo) Tratamos de promover su paz  pero dedicados a nuestros propios deseos y egoísmos, utilizamos su paz y sus dones para satisfacer nuestros propios intereses.

Los que así se comportan comen cocido en agua el sacrificio, “cocinan” también la comunión tan preciosa con el Señor, que clavado en una cruz de madera su sacrificio santificado a Dios por el Fuego, en su propio cuerpo. Esa es una ofensa grave, habiendo conocido y experimentado los dones de paz de Dios en su corazón.

Conocedores confortados con el pecado..

“Muchos me dirán en aquel día: Señor, Señor, no profetizamos en tu nombre? Y en tu nombre echamos fuera demonios, y en tu nombre hicimos muchos milagros? Y entonces les declararé: Jamás os conocí; apartaos de mi, los que practican la iniquidad”.

Mateo 7:22-23

 “Porque en el caso de los que fueron una vez iluminados, que probaron del don celestial, y fueron hechos partícipes del Espíritu Santo, que gustaron la buena palabra de Dios y los poderes del siglo venidero, pero después cayeron, es imposible renovarlos otra vez para arrepentimiento, puesto que de nuevo sacrifican para sí mismos al Hijo de Dios y le exponen a la ignominia pública”.

Hebreos 6:4-6

Así no existe como comer del cuerpo de Cristo y tener con Él comunión sin pasar por el fuego santificador, sacrificio amargo para las concupiscencias de la carne.

(“con hierbas amargas lo comerán”) pero con un aroma dulce agradable al Señor.

No se cena con el Dios Santo sin santidad. Y la carne no se santifica a sí misma.

“Sin embargo vosotros no estáis en la carne sino en el Espíritu, si en verdad el Espíritu de Dios habita en vosotros. Pero si alguno no tiene el Espíritu de Cristo, el tal no es de El”. Romanos 8:9

La cena del Señor es hecha junto a panes sin levadura, o sea panes sin fermentar, esto se debe a que cenamos con Cristo al recibir su Palabra y su Ley en nuestro corazón (el pan).

Sin embargo ese alimento no debe ser fermentado. No debemos acrecentar cosas nuestras que Dios no nos revela para nosotros (fermentar). Hablar o actuar siguiendo nuestras concepciones carnales.

Muchos hoy, se denominan que “son de Jesucristo”, aunque no aceptan sus vestiduras (el señorío del Espíritu Santo sobre ellos) ni su pan puro sin levadura (la palabra revelada por el Espíritu Santo)

Queremos un nombre, también queremos vestirnos de sus propias ropas y comer de su propio pan.

Se alegran con palabras lisonjeras de hombres, más no de Dios. Muchos de estos arrastran congregaciones enteras de hermanos y hermanas que no buscan fortalecerse en el discernimiento en las escrituras, no leen la palabra que es testamento de herencia que como hijos e hijas, recibirán de su Padre.

No disciernen lo que está siendo dicho. Son estas Iglesias, con este tipo de hombres que Dios habla por la boca del profeta Isaías:

“Porque siete mujeres (cierto número de iglesias) echarán mano de un hombre (el Hijo de Dios Jesucristo), en aquel día, diciendo: Nuestro pan comeremos (nos alimentaremos de nuestras propias palabras) y con nuestra ropa nos vestiremos (o sea no de lo que es suyo, de su Espíritu, sino lo que sale de mi) tan solo déjanos llevar tu nombre: quita nuestro oprobio”.

Isaías 4:1

¿Y que dice de estos el Señor?

“Ciertamente, la Viña del SEÑOR de los ejércitos es la casa de Israel, y los hombres de Judá su plantío delicioso. El esperaba equidad, pero he aquí derramamiento de sangre; justicia pero he aquí clamor”. Isaías 5:7

“¡Ay de los que juntan casa con casa (casa de Dios-miembros de la iglesia), y añaden campo a campo hasta que no queda sitio alguno, para habitar vosotros solos en medio de la tierra!”

Isaías 5:8

“A mis oídos el Señor de los ejércitos ha jurado: Ciertamente muchas casas serán desoladas, grandes y hermosas pero sin moradores (cualquiera que sea el castillo que construya este hombre aquí, quedará sin el cuando venga el día del Señor, en que todo pasará)”.

Isaías 5:9

“Porque diez yugadas de viña producirán solo un bato (22 litros) de vino; y un homer (220 litros) de semilla producirá solo un efa (22litros) de grano. (Esa condición de la iglesia, por más gente que tenga, será una mínima parte que dará fruto para salvación)”.

Isaías 5:10

“¡Ay de los que se levantan muy de mañana (que se convierten durante el alba=Jesús) para ir tras la bebida (más continúan en la embriaguez de la carne), de los que trasnochan (hasta su encuentro en el día de la ira del Señor) para que el vino los encienda!”.

Isaías 5:11

“En sus banquetes hay lira y arpa, pandero y flauta, y vino (banquetean en medio de “alabanzas” para Dios, comiendo de cosas y vanidades de este mundo, en su ego, al mismo tiempo): y no contemplan las obras del Señor, ni ven las obras de sus manos”. Isaías 5:12

“Por eso va cautivo mi pueblo (Iglesia en esta condición), por falta de discernimiento (que no procuran conocer a su Padre por la palabra, para evitar eso); sus notables (sus líderes: pastores, padres, papas, etc.) están muertos de hambre (de la Palabra viva el Espíritu de Dios que es vida) y su multitud reseca de sed (por consecuencia, sus iglesias morirán espiritualmente por falta de ser regada  por el Espíritu Santo de Dios, a través de la Palabra, la Verdad)”.

Isaías 5:13

“Por tanto el Seol ha ensanchado su garganta y ha abierto sin medida su boca; y a él esplendor de Jerusalén, su multitud, su alboroto y el que se divertía en ella”.

Isaías 5:14

 Por lo tanto amados  de Jesucristo, seamos muy cautelosos con las cosas de Dios, en las cuales nosotros mismos somos una. Sabiendo que EL nos protege de todo engaño y de toda maldad si permanecemos con simplicidad y sencillez de corazón y con amor unos para con otros en su presencia.

Dejemos debajo de su amor, separándonos de todo que por el discernimiento del Espíritu Santo, se revela como no siendo de Él, persistiendo en oración y conociendo su palabra en todo confiando en Él.

Así no tenemos que temer. Pues quién está en la Luz no tropieza, pero quién está en tinieblas ese tropieza y camina para perdición. La Luz es Jesucristo, Luz que está presente en todo instante en nuestro corazón sin que nos deje en ningún momento si queremos.

Quien tiene a Jesucristo en el Corazón, jamás estará en tinieblas. Que su Luz ilumine y guie a todos sus hijos hasta el fin. En el nombre de Jesús!

 

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