El Evangelio del Reino. Cuál es la Buena Nueva?

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“….ARREPIÉNTANSE, PORQUE EL REINO DE LOS CIELOS SE HA ACERCADO” Mateo 4:17

 

Es posible llegar al Reino de los Cielos. El camino de los cielos está abierto y está entre nosotros. Esta es la “Buena Nueva”, el Evangelio, la Noticia de Dios para toda la humanidad!

Se predica mucho sobre religión y cristianismo, pero en una instancia en que el bien espiritual está confundido con el bien material, El Evangelio ha sido adaptado a la expectativa terrenal de los Hombres, haciendo que cada uno anhele sus deseos y pasiones privadas, debilitando así el poder del mensaje que salva y consecuentemente, debilitando la unidad del verdadero Cuerpo de Dios, la verdadera Iglesia de Cristo en la Tierra. (1 Corintios 12:4-13)

Sin embargo, el mensaje de salvación que costó la vida a Jesucristo para que se cumpliese, culminada en su resurrección al tercer día y el derramamiento del Espíritu Santo que fue derramado en Pentecostés, es este mensaje:

 “Se ha acercado a vosotros el Reino de los Cielos”

(Lucas 10:9, Mateo 12:28)

Esta Buena Nueva del Reino que Él predicó, y que anunció su mensajero Juan el Bautista.

Es preciso entender, en primer lugar, que este mensaje de Dios para nosotros, está aún hoy, literal y presente. El Reino de los Cielos fue traído por Cristo (El Ungido), y está entre nosotros también hoy, ya que aún hoy quedan los días del Hijo del hombre abiertos a la humanidad.

Porque sobre el Reino de Dios, cuando se le preguntó, Jesús dijo:

 “preguntado por los fariseos, cuándo había de venir el reino de Dios, les respondió y dijo: el reino de dios no vendrá con advertencia, ni dirán: helo aqui, o helo allí; porque el reino de Dios está entre vosotros.

Y dijo a sus discípulos: tiempo vendrá cuando desearéis ver uno de los días del hijo del hombre, y no lo veréis.”

Lucas 17:20-21

 [Fíjense: “está” (tiempo presente) “entre vosotros” (distinto de “en vosotros”)]

Y de nuevo

“Nadie subió al cielo, sino el que descendió del cielo; el Hijo del Hombre que está en el cielo.”

Juan 3:13

[Nuevamente dice: “que está en el cielo” (en el tiempo presente). Jesús está allí, conversando con Nicodemo, y al mismo tiempo dice que está en el cielo, ¿Cómo?]

Y cuando en aquella generación:

“Pero os digo en verdad, que hay algunos de los que están aquí que no gustarán la muerte hasta que vean el reino de Dios.

Lucas 9:27

 Estas palabras muestran a Jesús diciendo que el Reino está entre aquellos que están escuchando, oyendo. Sin embargo, fíjense que está diciendo que está “entre ellos” y no “en ellos”, pero apenas en medio de ellos.

Eso porque ellos aún no participaban de este Reino, a pesar que la promesa era para ellos: “Se ha acercado a vosotros el reino de Dios” (Lucas 10:9, Mateo 12.28)

Pues en aquel periodo, antes de la cruz, el Reino de los cielos estaba solamente en Jesús, y todavía no había sido abierto a los otros, porque todavía el sacrificio no había sido hecho para que fuese dada la Promesa: el Espíritu Santo (que vino en Pentecostés-Hechos 2)

“En el último gran día de la fiesta, Jesús se puso en pie y alzó la voz, diciendo: si alguno tienen sed, venga a mí y beba. El que cree en mí, como dice la Escritura, de su interior correrán ríos de agua viva. 39 Esto dijo del Espíritu que habían de recibir los que creyesen en Él; pues aún no había venido el Espíritu Santo, porque Jesús no había sido aún glorificado.”

Juan 7:37-39

Por eso su Reino luego estaría también para toda aquella generación, y se extendería hasta nosotros hoy; formando una sola generación: “La generación del Hijo del Hombre”, que participa de su Día, de su Descanso (Hebreos 4)

En aquel día vosotros conoceréis que yo estoy en mí Padre, y vosotros en mí, y yo en vosotros”

Juan 14:20

 

Y esa promesa se hizo realidad cuando fue derramado su Espíritu Santo sobre toda carne, y recibido por aquellos que en Él creyeron. Pues es el Espíritu Santo de Dios que está en el Reino de los Cielos, la “Casa”, o Reino que pasó a extenderse sobre todos los pecadores que se arrepienten de sus pecados y claman por la misericordia y remisión de Jesucristo, creyendo en Él.

Su presencia se manifiesta en todo el Reino, y no hay nada allí que sea sin vida. Antes, todo está vivo porque la Vida transborda o se derrama en todo lo que en ella habita. La perfección más sublime está presente en todo, porque todo lo que permanece en el Reino está dentro de Él.

El Reino es su propio Espíritu, El Espíritu Santo, porque lo que sustenta el Reino es la plena presencia del Rey en él, pues es en Dios que habita toda la plenitud.

Y por eso es que dice:

“Pero si yo por el Espíritu de Dios echo fuera los demonios, ciertamente ha llegado a vosotros el Reino de Dios”

Mateo 12:28

(Vea como el Señor Jesús equivale al Espíritu de Dios como al Reino de Dios:

(“El Espíritu”= “El Reino”)

Y de Nuevo:

“Porque por él ambos tenemos acceso al Padre en un mismo Espíritu

Efesios 2:18

Y otra vez :

nos salvó, no por obras de justicia que nosotros hubiéramos hecho, sino por su misericordia, por el lavamiento de la regeneración y por la renovación en el Espíritu Santo, o el cual derramó en nosotros abundantemente por Jesucristo nuestro Salvador”

Tito 3:5

No estamos hablando aquí de la manifestación de los dones del Espíritu, sino de Aquel que es pleno y que no es de aquí (de este mundo),  más está aquí con nosotros, como manifestación de aquello que luego será en plenitud. (“una promesa”, promesa de Espíritu, promesa del Reino).

El Reino de los Cielos está entre nosotros, hoy, ahora, porque el Espíritu Santo de Dios está todavía entre nosotros, pues fue derramado después cumpliendo la Justicia Total ejecutada en la Cruz, por medio de Jesucristo.

Está derramado sobre toda carne. Tenemos acceso directo a Dios Padre Todopoderoso por medio de Él, pues el Reino de los Cielos está en Dios, en  Espíritu, y en el Padre, en el Hijo y en el Espíritu Santo y los tres son Uno:

“Porque tres son los que dan testimonio en el cielo: el Padre, el Verbo y el Espíritu Santo; y estos tres son uno.”

1 Juan 5:7

“En el principio era el Verbo, y el Verbo era con Dios, y el Verbo era Dios” (Juan 1:1)…”Y aquel Verbo se hizo carne y habitó entre nosotros, y vimos su gloria, gloria como el unigénito del Padre, lleno de gracia y de verdad”

Juan 1:14

Desde que el Espíritu Santo fue derramado en la tierra en Pentecostés (Hechos 2), o sea, 49 días después de la Resurrección del Hijo de Dios (La fiesta de Pentecostés), somos llamados a ser hechos parte de Dios, recibiendo su presencia literal dentro de nosotros, presencia de su propia persona en nosotros: criaturas edificadas templos para Dios, a fin de que seamos habitados por El al reconocer a su Hijo Jesús como Señor nuestro y Dios nuestro.

Pasando así de la condición de simples criaturas humanas para ser hechos hijos…..

Más a todos los que le recibieron, a los que creen en su nombre, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios; los cuales no son engendrados de sangre, ni de voluntad de carne, ni de voluntad de varón, sino de Dios.”

Juan 1:12-13

Como cuando heredamos por sangre la genética de nuestros padres naturales cuando nacemos, así también ahora, una vez generados hijos del Hijo Unigénito de Dios, heredamos la misma genética del Padre Altísimo, dándonos de su propia esencia: Su Espíritu en Nosotros (Juan 3.6)

Por lo tanto, aquellos que buscan sinceramente a Dios, saben de este plan maravilloso de Dios vivo, encarnado en su Hijo Unigénito Jesucristo, en el cual únicamente hay acceso al Reino de Dios, y que todo lo que queda del lado fuera de este Reino; rechazándolo, serán llevados a juicio y aniquilados para alejarlos de su salvación.

Así tenemos acceso a Dios y nos transformamos en parte de El: transformados de alma viviente, en espíritu vivificante: 

Así también está escrito: fue hecho el primer hombre Adán alma viviente; el postrer Adán, espíritu vivificante. Más lo espiritual no es primero, sino lo animal, luego lo espiritual. El primer hombre es de la tierra, terrenal; el segundo hombre que es el Señor, es del cielo.”

1 Corintios 15.45

Tal maravilla se logra solamente en Jesucristo. Él nos permite alcanzarla. Lográndolo en el arrepentimiento de todos nuestros pecados, de todos lo que somos en cuanto a criaturas hechas de deseos y anhelos egoístas. Clamando misericordia a Jesucristo, pidiéndole compasión y entregándonos de corazón a Él.

No podemos recibir el Reino sin creer y quebrantarnos delante de tamaño amor y justicia demostrados en su cruz y su Resurrección.

Porque nosotros no tenemos nada que merezca ser parte de Él.

Veamos a continuación:

El Espíritu de Dios está en medio de nosotros, para que aquel que reconoce a Jesucristo como su Señor, reciba su Presencia dentro de sí, pasando a ser entonces parte del Dios Vivo que está aquí en esta tierra (una promesa – II Corintios 1:21) pues somos edificados Casa espiritual para habitación de Dios:

“Acercandoos a Él, piedra viva, desechada ciertamente por los hombres, más para Dios escogida y preciosa, vosotros también, como piedras vivas, sed edificados como casa espiritual y sacerdocio santo, para ofrecer sacrificios espirituales aceptables a Dios por medio de Jesucristo.” 

1 Pedro 2:4

 

“¿No sabéis que sois templo de Dios, y que el Espíritu de Dios mora en vosotros? Si alguno destruyere el templo de Dios, Dios le destruirá a él; porque el templo de Dios, el cual sois vosotros, santo es.”

1 Corintios 3.16-17

Y teniendo su Reino en nosotros, puertas vivas de los más altos cielos – Salmo 24:7.

Esforcémonos para conocer su Palabra, para que se manifieste su autoridad en nosotros, ya dada al recibir el Hijo, sin embargo no conocida. Buscando saber así cada vez más la altura, la largura y la profundidad de herencia de que tomamos posesión:

“Alzad, oh puertas, vuestras cabezas, Y alzaos vosotras puertas eternas, y entrará el Rey de Gloria. ¿Quién es ese Rey de Gloria?, Jehová el fuerte y valiente, Jehová el poderoso en batalla.”

Salmos 24:7-8

 En nosotros está el libre albedrío; amar a su Hijo Jesús y recibirle como nuestro Señor o vivir por nuestras propias convicciones, manteniendo la ira justa de Dios sobre nuestras cabezas por nuestros pecados.

La Misericordia y Gracia o la auto-justificación delante de Dios?

Nosotros somos los que escogemos, cómo nos estamos presentando a Él, sabiendo que nadie, ni nada que fue creado, se justifica delante de Aquel que creó Todo con el simple poder de su Palabra.

(Sobre este tema ver también “En aquel día el más débil será como David, y la casa de David como Dios).

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